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Miedo bueno y miedo malo. Parte 1

El miedo es una protección natural de nuestro cuerpo ante algo o alguien, viene a ser algo como un “canguele” que nos entra, puede ser repentino o dilatado en el tiempo. Como seres humanos que somos, tenemos miedos.

A veces pensamos que tener miedo es de ser “un cagado” o un “cobarde”, y realmente el miedo es un indicador de nuestro cuerpo al que hay que hacerle mucho caso.

Escuchando al miedo

Si le hiciéramos más caso a nuestros miedos e intuiciones, nos iría mucho mejor, por ejemplo a tu cuerpo le da un “canguele extraño” cuando:

-Conoces a alguien que intenta aparentar que es de todo, tiene de todo y te lo da todo nada más conocerl@,pero aún no tienes muy claro en qué consiste su vida.

-Haces una entrevista de trabajo donde no te cuentan NADA de lo que vas a hacer en el trabajo o peor, no te dejan prácticamente hablar y solo se dedican a explicarte lo punteros que son ellos.

-Vas a alquilar un piso y todo es fantástico y maravilloso pero aun no te han contestado a 3 preguntas fundamentales que les formulaste nada más ver el piso, estilo si está incluida la comunidad, si la casa tiene hipoteca, y esas cosas.

-Llamas por teléfono a tu compañía de internet y te dice que todo está claro, que no vas a pagar nada por darte de baja, y que está todo gestionado y no debes de preocuparte de nada, ummmm no me lo creo.

Pero, ¿debo hacer caso a todos los miedos?

Cuando se trate de miedos que nos protejan de nuestra integridad, que entrañen peligro, engaño o situaciones desagradables, debemos analizar el miedo y dejarlo actuar en consecuencia.
Pero, ¿cómo podemos saber de qué tipo es el miedo que tenemos?
Hay muchas formas de distinguirlos, pero yo los he clasificado en dos: el miedo bueno y el miedo malo.

El miedo bueno

Es el miedo que nos protege del peligro, el que nos avisa de situaciones anómalas, necesitamos este miedo para mantenernos vivos, y no es otro que:

-Miedo a lastimarse o caer enfermo: cuidarse anímicamente, ir a revisiones del médico, etc

-Miedo a que peligre tu integridad: sufrir un accidente o a ser agredido

-Miedo a decir algo: sobre todo con el ánimo de ofender, a veces las palabras son más poderosas que un cuchillo

-Miedo a que nos engañen: que nos veamos envueltos en un lío muy difícil de superar

-Miedo a quedarte sin forma de subsistir: crear una actividad empresarial que te reporte ingresos o buscar trabajo

-Miedo a perder a una persona que quieres: familia, amigos, o pareja.

-Miedo a la muerte: la sociedad nos la oculta y la muerte nos aterra, cuando en otras culturas es visto como algo natural

El miedo malo

Es el miedo que nos colapsa, el que bloquea nuestro talento, el que merma nuestras ilusiones, y el que hace que nos quedemos impasibles. El que nos hace dejarnos llevar por lo que otros decidan, el que nos lleva a no emprender nada nuevo, el que nos mantiene en la rutina, y el que no nos deja avanzar hacia lo que nos realiza como personas.

Este es el miedo travieso, caprichoso y dominante, el que toma nuestras propias decisiones como un diablillo rojo que se nos cuelga en el hombro, y nos deja a la altura del betún:

-Miedo al fracaso: “si no lo consigo, seré una perdedora”. En lugar de: si no lo consigo, lo volveré a intentar con más fuerza y mejores armas

-Miedo al “qué dirán”: estamos más preocupados de lo que piensen los demás que lo que nosotros mismos pensamos de nosotros. La frase “me sabe mal” debería de eliminarse del mapa.

-Miedo a no ser lo suficientemente bueno: el “yo no valgo para eso” nos deja congelados en una silla de oficina toda nuestra vida

-Miedo a estar expuestos a la sociedad: a que nos juzguen, a que se nos conozca, a ser visibles

-Miedo al dolor: el sufrimiento nos da pavor, y buscamos todas las técnicas posibles para evitarlo o minimizarlo al máximo

-Miedo a lo desconocido: no controlamos lo que no conocemos, y eso nos crea inseguridad

-Miedo a perderlo todo: perder el trabajo, el estatus social. Normalmente perdemos más cosas NO apostando por nuestros proyectos, que quedándonos donde ya estamos

-Miedo a no poder manejar lo que consigamos: ¿y si consigo el éxito qué? ¿Sabré manejarlo? ¿Sabré mantenerlo?

-Miedo a no ser felices una vez lo consigamos: ¿y si cuando lo consigo no es lo que quiero?

Y la casa por barrer

Miedos, y más miedos, los primeros nos protegen, los segundos nos colapsan, y mientras la casa por barrer. El “miedo malo” es la herramienta principal de los que dominan tu vida para seguir dominándote. En alguna medida, nosotros también somos parte del engranaje de nuestra situación actual, por dejarnos llevar por el MIEDO MALO.

Voy a ponerte un ejemplo:

proceso no dejar trabajo

Conclusión:

Tú estás amargado en el trabajo, la empresa no está siendo todo lo productiva que debería por tener empleados desmotivados, hay personas que están en el momento laboral de coger ese trabajo y tú estás en el momento laboral de coger uno más cualificado, pero no lo coges porque el que está en ese puesto tampoco lo suelta, no te realizas, no avanzas, y el que podría entrar a ese puesto EMIGRA A OTRO PAÍS o tiene que ganarse la vida en economía sumergida.

Otros países se benefician del talento fresco y estudios pagados en España, mientras en nuestro querido país baja la calidad de TODO.

Esto es la crónica de una muerte anunciada, y todo esto lo hace el MIEDO MALO

¿Alguna vez te habías planteado que nosotros, en cierta medida, somos factores que influyen en este COLAPSO por culpa del miedo?

Te animo a que le des una vuelta de tuerca a cuántas cosas harías si no tuvieras MIEDO MALO, y qué te estás perdiendo por dejarlo actuar a sus anchas.

Compártelo en tus comentarios, seguro que tenemos muchos “miedos malos” en común.

See you soon! 🙂